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ANALISIS SILENCIO

ANALISIS SILENCIO

 

1641. Dos sacerdotes portugueses, Rodrigues (Andrew Garfield) y Garupe (Adam Driver) parten de Lisboa rumbo a Japón, luego de recibir una carta donde se les informa que su mentor, el padre Ferreira (Liam Neeson) ha desaparecido.

Conscientes de la dura persecución del imperio nipón contra el catolicismo, Rodrigues y Garupe llegan a la isla. Pero lo que encontrarán en ella los pondrá contra la espada y la pared, y comprometerá hasta sus más profundas convicciones…

Muy bien…¿Cómo podemos definir una obra como Silencio sin abusar de conceptos como “obra mayor” o “superior”?.

 

 

Porque es la única manera de calificar la más reciente película de Martin Scorsese, adaptación de la novela histórica de Shusaku Endo, que relata sin pelos en la lengua el duro camino que debió recorrer el catolicismo en el Japón post medieval. Numerosos sacerdotes y misioneros jesuitas, franciscanos y domínicos tuvieron que atravesar un doloroso y prolongado martirio a consecuencia de la persecución por parte de las autoridades imperiales.

Ferviente y declarado católico (al punto de haber alcanzado a cursar un año de Seminario), Scorsese tuvo la obsesión de llevar a la pantalla a esta historia desde que tuvo noción de ella, a través de una temprana adaptación japonesa de 1971.

 

 

Obsesión, díganle si quieren, pero ante todo, lo que queda de manifiesto aquí es el cariño, el aprecio, y el respeto de Scorsese por el cuento que está contando. Por la historia real que se cuenta a través del relato de Endo. Por el cine oriental en sí mismo (Kurosawa podría ver esta película y sentirse orgulloso de su legado y como ha hecho escuela en el cine mundial).

Scorsese tiene el tino para construir un relato que, por duro, por doloroso que resulte en el fondo, atrae y no deja indiferente. Sí, es una película que ronda las tres horas de duración, pero que tiene suficientes virtudes para que esa extensión no se sienta.

Por un lado, por la impresionante fotografía de Rodrigo Prieto (que se nota que se maneja en los códigos del cine nipón post Kurosawa) y la siempre eficaz edición de Thelma Shoonmaker, una de las más leales colaboradoras del tío Marty a lo largo de su carrera, que construyen un espectáculo visual que no hay que dejar pasar.

 

 

Por otro, por el relato mismo, que viniendo de un católico recalciterante como Scorsese toma un matiz interesante: Rodrigues, sacerdote, ferviente creyente y promotor de su fe, enfrentado a una realidad que lo llevará a cuestionar esta creencia ante la gravedad de los hechos que le toca presenciar..y vivir. Ese es el verdadero calvario por el que pasa el protagonista. No ser torturado, humillado y pateado en el suelo por sus captores, sino tratar de entender el silencio de un padre (Dios) ante el sufrimiento de sus hijos (de ahí el título de la obra). Este es un relato de enfrentamiento. Aquí, la fe de Rodrigues en Dios y en lo que su religión transmite. La fe de sus semejantes que el comparte, promueve y protege, y que ciertamente lo reconforta. Pero en la esquina contraria, la decepción del mismo Rodrigues ante una fe que no se ve recompensada sino que, al revés, es duramente reprimida y castigada. Son dos conceptos que chocan, pero ciertamente, el choque más fuerte es entre lo que Rodrigues sabe, lo que aprendió, y lo que está descubriendo en el camino. Lo que le toca ver en Japón es algo que nunca creyó ver tan real, ni tan de cerca.

Las cercanías entre personaje y realizador no pueden ser más obvias. Rodrigues es un hombre de fe que duda. Scorsese, un hombre de fe que mantiene esta intacta, aunque en algún punto se dio cuenta que no era tan fuerte.

 

 

Esa cercanía es la que permite a Scorsese lograr de su protagonista, Andrew Garfield, una actuación sobresaliente..y sobrecogedora. Lo que Garfield venía anunciando en Hacksaw Ridge, aquí lo ratifica.

Es una verdadera lástima (aunque creo que la palabra correcta debería ser otra, menos diplomática) que la Academia haya pasado de largo con esta película. Apenas una nominación en cinematografía. Pero bueno, ya conocemos a la Academia, para qué hacernos los sorprendidos.

Es interesante. En una película que tiene como tema de fondo la fe, se hable de que “Silencio” “nos hace recuperar la fe en Scorsese. Eso me parece un tanto inoportuno. Es cierto que a ratos Scorsese nos haya provocado decepciones, pero de ahí a perder la fe…me parece excesivo. Pero perdida o no, hay una cosa cierta: la fe en el cine de Scorsese, gracias a este filme, cumple con el sacramento de la confirmación.

 

 

 

8.5

Lobo Cinepata

Crítico de cine y blogger por ya más de 10 años, nuestro querido Lobo Cinépata se ha destacado por mantener una aguda pero justa mirada al mundo del cine y la televisión.

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