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¿HA MUERTO LA TV ABIERTA Y EL CABLE? BIENVENIDO A LA ERA DEL STREAMING, A LA ERA NETFLIX.

¿HA MUERTO LA TV ABIERTA Y EL CABLE? BIENVENIDO A LA ERA DEL STREAMING, A LA ERA NETFLIX.

 

Nos han preguntado, al equipo que hacemos Gamervip, por que recomendamos tantas series, películas y especiales de Netflix, en perjuicio de otros canales de difusión. Para responder esta pregunta, nos pareció prudente analizar a fondo la situación de la televisión actual y que nos ha llevado a tomar esta postura.

Aplicando un método practico, repasaremos las distintas opciones disponibles y evaluaremos las correspondientes ventajas comparativas, partiendo de la base que el entretenimiento individual, a nivel casero (es decir, omitiendo referirnos al cine, al teatro, a la música en vivo o exposiciones) puede dividirse en tres grandes ítems, épocas o categorías, como quieran llamarle:

-Televisión abierta.

-Televisión pagada (cable o satelital)

-Streaming, con Netflix a la cabeza.

 

Partamos del principio.

 

 

Entendamos por televisión abierta aquella cuya señal es accesible desde cualquier receptor sin necesidad de tecnología especial y gratuitamente. Podríamos estar con un televisor portátil en medio de una carretera a kilómetros de nada, y aun así captaríamos su señal. Es en este ámbito donde operan las principales cadenas locales (TVN, Canal 13, Mega, Chilevision, La Red, UCV y Telecanal, mas algún canal regional que se me escape).

El gran plus de este medio es la cercanía. Ciertamente, el target de la televisión abierta es el de la dueña de casa que necesita saber si mañana va a llover o no, para saber que ropa ponerle a los niños, o del trabajador que quiere desahogarse de la jornada diaria enterándose de la actualidad de su equipo favorito. En definitiva, del ciudadano común que no necesariamente sigue religiosamente una serie o película.

La televisión abierta nacional supo tener una época de oro entre los ’70 y finales de los ’90, principalmente gracias al toque de queda vigente tras el 11 de septiembre de 1973,  el apagón cultural y el aislamiento en que quedo el país como consecuencia de. La televisión paso a ser el medio de comunicación que gobernó, sin contrapeso, el último cuarto del siglo XX en Chile.

Esto no fue para siempre, por cierto. Durante los 2000, y como consecuencia de la globalización, el país ya no era una isla. Internet y la televisión por cable ya no eran un lujo de los sectores más acomodados, cosa que golpeó fuertemente al medio abierto, por varios factores, siendo el más obvio la ampliación de la oferta. De seis o siete canales, de pronto aparecieron 40, 50, incluso 100. Por otro lado, la posibilidad de acceder a más y mejores contenidos, dejo al desnudo la flojera creativa de nuestras televisoras.

 

 

Cierto es que nuestra televisión pocas veces ha hecho gala de su originalidad (poco, pero bueno, hay que decirlo), siendo la adaptación o copia el grueso de nuestra producción. Gran parte de las teleseries nacionales fueron adaptaciones de guiones brasileños, de hecho. Don Francisco nunca negó que la Teletón era una helenización de la Telethon creada por Jerry Lewis. Pero en la mayoría de los casos, el reciclaje se mantenía reservado ¿Cuántos no se fueron de espaldas al descubrir que el clásico sketch de El Guaripola, del Jappening con Ja, era originalmente de los ingleses Monty Python?

La incorporación de capitales privados a un medio antes sostenido por el Estado o entidades sin fines de lucro empujo luego a la televisión a una competencia salvaje y muchas veces desleal. La necesidad de generar rating para financiarse se ha solucionado, en nuestro medio, apelando a los instintos más primitivos del ser humano. Por otro lado, la homogeneización de los contenidos ha permitido que proliferen los reality shows, docurrealitys, talk shows, farándula, en fin, cerrando las puertas o derechamente anulando otras manifestaciones.

¿Cuándo fue la última vez que viste programación infantil que no sea poner un loop de dibujos animados extranjeros?¿Cuándo viste por última vez un estelar con música, humor, variedades?¿Cuándo viste por última vez una película, serie o teleserie, sin que te la corten cada diez minutos para cumplir con los auspiciadores? Cuando un capítulo de algo tan chileno como la teleserie dura más de 20 minutos hay que ir a pagar una manda.

Tuvo que venir el Estado a poner un poco de orden, imponiendo la obligación de programar una hora…¡¡UNA HORA!! A la semana, para programación cultural. A esto hemos llegado.

Los canales se excusan diciendo que la gente no tiene tiempo de seguir historias complejas. Esto no se lo creen ni ellos mismos, pero insisten con eso, lo que mantiene a la televisión abierta sumida en una crisis de contenidos, dominada por la agresividad y promoviendo el pasar a llevar al prójimo como modo de prosperar en la vida. Mientras el people meter, esa maquinita que mide el rating y que nadie nunca ha tenido muy claro cómo funciona, esta situación se mantendrá.

Dicen que esto va a cambiar cuando la televisión digital este plenamente funcionando, pero mientras todos se quejen pero sigan viendo tele, difícil que cambie la cosa.

 

TELEVISION POR CABLE: PAGAR POR VER

 

La masificación de la televisión por cable, decíamos, fue una sacudida fuerte para el medio.

Existente en Estados Unidos y Europa desde los sesenta, en Chile solo vino a debutar, tímidamente, durante la década de 1980, en sectores acomodados de la capital, pero ya en 1992, el sistema se hizo accesible a toda la comunidad, principalmente a través de proveedores como Metrópolis, Intercom y Cablexpress.

Las ventajas del cable sobre el sistema abierto saltaban a la vista. Pasamos de cinco o seis canales que pasaban todos más o menos lo mismo a, fácilmente, cincuenta, de un tirón, todos diferentes en su contenido, y para diferentes tipos de público. Ahí tenemos la segunda gran virtud del cable: la segmentación. Eso que se había dado mucho antes en la radiofonía, se daba finalmente en la pantalla chica, dividiendo el espectro de acuerdo a los distintos intereses.

Canales de películas, series, dibujos animados, deportes, noticias, telenovelas, documentales, política, en fin..todos coexistiendo pacíficamente.

El fuerte del cable estaba en las películas. Si bien existía el negocio de los videoclubes desde al menos una década antes, el cable, y luego su formato hermano, la televisión satelital, dieron acceso casi ilimitado a gran cantidad de películas, sin pagar de más y sin salir de casa.

Pero fueron las series las que dieron al cable la grandeza que logró. considerando la existencia de públicos específicos, el autofinanciamiento y una liberalización de las líneas editoriales, facilitaron el camino para relatar una diversidad de historias.

Sony, Fox, Warner, Hbo fueron palabras que se hicieron habituales en el vocabulario, así como el ultimo capítulo de Friends, Seinfeld, Los Sopranos, Sex and the City, The X Files, Buffy se volvieron parte de la pauta diaria de cada familia, pudiendo disfrutar, finalmente, temporadas completas y en orden, casi a la par con los EEUU.

Aunque en Estados Unidos sigue siendo una industria fuerte (con más de cien millones de espectadores en un solo país), en el Cono Sur el cable comenzó a bajar su influencia durante la segunda mitad de los 2000. Internet acorto la brecha entre fans y sus series fetiche. Ya no había que esperar el capítulo de la semana por siete o quince días, cuando se podía ver o bajar a las pocas horas. 24, Lost o Prison Break se volvieron series de culto mucho antes de su repetición en la filial latina de sus canales madre, quienes sintieron el golpe y, aunque subsiste la industria de cable hasta el día de hoy, ya no tiene el poder que tuvo durante los ‘90s.

Pero el golpe más duro todavía estaba por venir.

 

LA ERA NETFLIX

 

  1. California. Un grupo de amigos decide fundar un negocio de arriendo de películas, como los muchos que había entonces.

Estos amigos algo entendían de internet y cierto día tuvieron una idea: aplicando el modelo de la comida a domicilio, decidieron crear un nuevo método para hacer su negocio: el delivery de películas.

La gente visitaba su página web, se registraba, escogía su película y un repartidor se la llevaba a su casa, pagando contra entrega.

Esa empresa se llamaba NETFLIX.

Para el año 2000, Netflix ya contaba con más de cien mil clientes, y decidieron cambiar el sistema. En vez de cobrar por cada película arrendada, el cliente pagaba una mensualidad y, siempre que respetara los plazos de devolución, podía acceder a una cantidad ilimitada de películas al mes. Y conforme a los pedidos que cada cliente hacía, un algoritmo desarrollado por Netflix permitia recomendar otras películas similares a las que veía con frecuencia. Esto hizo que Netflix simplemente se disparara.

El auge del dvd, formato de menor costo, más cómodo de manipular y de infinitas virtudes por sobre el vhs no hizo más que aumentar la popularidad de Netflix, llevándolo a competir mano a mano con gigantes como Amazon y poniendo en aprietos a otros como Blockbuster. Y como no iba a ser de otro modo: pagas una cuota mensual, y una vez a la semana te dejaban en tu buzón una cantidad de discos para ver, siempre que dejaras puntualmente los que ibas a devolver en el mismo punto.

Para el año 2011, Netflix ya había conquistado el mercado estadounidense, pero le faltaba algo para competir con su rival más cercano: Amazon, y sus ventas fuera del país del norte.

La dificultad para Netflix estaba en qué hacer para llegar fuera de los estados juntos, sabiendo lo complejo que sería no tanto enviar las películas a sus clientes, sino recibirlas de vuelta. Hasta que se acordaron donde se originó este servicio: internet. Ahí estaba la respuesta.

Replicando el mismo modelo, el suscriptor pagaba una cuota mensual, y accedía desde su computador, Tablet o consola (ahora se han incorporado los Smart Tv) a una cantidad gigantesca de películas, series, documentales. El éxito de la aplicación fue rápido, y ya a principios de 2012, Netflix había llegado a casi todos los países del mundo.

Rápidamente nos dimos cuenta de algunas de las virtudes clave de la popularidad de Netflix: el bajo costo (Netflix apenas supera los cinco mil pesos chilenos mensuales, y admite una pluralidad de usuarios asociados); la accesibilidad (basta tener una buena conexión a internet y un dispositivo en buenas condiciones y la puedes aprovechar incluso en una isla desierta); y sobre todo, la oferta, comprendida por una gama muy amplia de películas, para todos los gustos y de todos los géneros, en permanente renovación.

La revolución Netflix pego fuerte a la industria. Los distribuidores de películas se vieron obligados a mejorar el producto ofrecido a fin de mantenerse en el mercado. Gigantes como Blockbuster cayeron por su falta de visión para sobrevivir y aparecieron plataformas que imitaron el formato de Netflix: Crunchyroll, WWE Network, Hulu, HBO Go.

A Netflix aún le quedaba un golpe para dar.

Con todas sus virtudes que hemos citado hasta ahora (libertad y variedad de contenidos, amplitud de públicos, comodidad para decidir qué y cuándo ver, autofinanciamiento y el no estar amarrados a los auspiciadores ni a las líneas editoriales) Netflix estimo que era el momento de dar el siguiente paso: sus propias películas y series.

Netflix pasaría a producir su propio material o financiar creaciones de otros, sin las trabas  unánimemente celebradas House Of Cards y Orange Is The New Black, Netflix termino por consolidarse como el gigante de la industria del entretenimiento a nivel mundial, generando un universo de producciones propias donde la libertad creativa y la calidad trabajan de la mano, que tuvo su punto sin retorno con el exitoso debut de Better Call Saul, el celebrado spinoff de Breaking Bad. De aquí en más, Netflix nunca volvió a mirar hacia arriba. Ya estaba ahí, y ahí se quedó.

asi es como hemos llegado a Sense 8, Narcos, Stranger Things, The Crown, Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage, Iron Fist, Gilmore Girls, 13 Reasons Why, Las Chicas del Cable, Unbreakable Kimmy Schmit, Master Of None, Anne With an E, Bojack Horseman, Black Mirror, especiales musicales, espectáculos y shows de comedia. Todos, cual mas cual menos, avalados por la buena crítica y logrando una gran popularidad.

Con estos antecedentes ¿queda claro por qué nos gusta tanto Netflix?

Lobo Cinepata

Crítico de cine y blogger por ya más de 10 años, nuestro querido Lobo Cinépata se ha destacado por mantener una aguda pero justa mirada al mundo del cine y la televisión.

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